Después de veinticuatro meses de funcionamiento, el RIGI muestra un cuadro donde predominan los anuncios sobre la materialización efectiva. Los números agregados resultan impresionantes: 27 proyectos autorizados que contemplan más de 76.000 millones de dólares en inversiones. Pero la realidad operativa pinta un panorama diferente.

El Régimen de Incentivo a Grandes Inversiones fue creado para catalizar la llegada de capitales privados extranjeros de magnitud considerable. Mediante incentivos fiscales y beneficios cambiarios, busca hacer de Argentina un destino atractivo para empresas multinacionales dispuestas a invertir en operaciones de escala. El planteo es correcto en teoría; la ejecución presenta desafíos.

La geografía sectorial de las aprobaciones resulta muy concentrada. Minería e hidrocarburos acumulan la mayor parte de los proyectos y, presumiblemente, de los montos comprometidos. Esta focalización sugiere que el régimen funciona mejor en sectores con retornos claros y ciclos de inversión consolidados internacionalmente.

El interrogante principal es cuánta de esa inversión anunciada se traduce efectivamente en construcción de plantas, adquisición de equipamiento, contratación de empleados y generación de valor agregado. Entre la firma de un compromiso y la puesta en marcha de operaciones medianas suele mediar tiempo considerable, y en economías con volatilidad como la argentina, esos plazos pueden extenderse.

Los 27 proyectos aprobados representan una actividad regulatoria significativa. Sin embargo, la pregunta que inquieta a formuladores de política y analistas es si estos proyectos efectivamente comenzarán obras durante 2024 y 2025, o si permanecerán en estado de anuncio mientras sus promotores evalúan contextos macroeconómicos y geopolíticos.

La concentración en minería e hidrocarburos también abre un debate sobre diversificación. ¿Por qué sectores como manufactura avanzada, tecnología o agroindustria no logran captar similar volumen de inversión bajo este régimen? La respuesta probablemente resida en factores de riesgo percibido y expectativas de rendimiento.

Imagen: Rosy Fields / Pexels – Con informacion de Ámbito

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