La producción petrolera superó los 903.000 barriles diarios en mayo, con un crecimiento interanual cercano al 20%, una cifra que representa un salto del 19,6%.
Este despegue productivo tiene un motor indiscutido: la formación no convencional de Vaca Muerta. Su participación en el total nacional trepó de manera masiva hasta representar el 69% de la actividad, registrando por sí sola un volumen de 95,4 millones de metros cúbicos diarios, consolidando un nuevo hito para la industria hidrocarburífera local.
El gas acompaña la tendencia alcista
La racha positiva no se limitó al crudo. El segmento del gas natural también mostró un desempeño sobresaliente al alcanzar los 156,6 millones de metros cúbicos diarios. Esta marca se tradujo en un sólido crecimiento del 11,4% mensual y una variación positiva del 6% interanual, garantizando un mayor abastecimiento en los meses de mayor demanda estacional.
Desde la órbita oficial señalaron que este escenario no es fruto de la casualidad o un dato azaroso. Por el contrario, se adjudica de manera directa al impacto de una política de gestión que se enfoca activamente en generar las condiciones necesarias para liberar y explotar el verdadero potencial de los recursos naturales que posee la Argentina.
Del déficit estructural a la soberanía energética
Este salto en los indicadores marca un fuerte contraste con el pasado reciente del sector. En los últimos años, el país arrastraba un severo deterioro en su gestión energética que se tradujo en un déficit estructural crónico. Dicho bache —particularmente crítico en materia de gas— obligaba al Estado a destinar miles de millones de dólares a la importación de Gas Natural Licuado (GNL) para cubrir el consumo interno.
Los nuevos récords de producción abren un panorama radicalmente opuesto, permitiendo proyectar no solo el autoabastecimiento pleno y el ahorro de divisas, sino la consolidación de la Argentina como un actor exportador clave en el mercado energético regional y global.






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